Porque son las que me ha revuelto. No sé si es que me ha pillado diez días después de dar a luz o un año después de haber estado por última vez en mi casa, pero casi se me salta la lagrimilla al ver San Sebastián, y Bilbao, y el campo... Menos mal que no he visto ni un centímetro cuadrado de Álava, porque entonces sí que se me habría caído el alma a los pies. Y es que es muy bonito. Es una pena que nos lo hayamos cargado entre todos, pero sigue siendo muy bonito. Todo, las ciudades, los montes, el mar... Vamos, que he vuelto a preguntarme qué narices hago yo aquí. Y mira que Chicago me gusta. Quizá sea el hecho de que llevo diez días encerrada entre el hospital y el apartamento, y hoy hacía veinte grados, y quería salir y no podía...
Se llamaba morriña, ¿no?